La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro

*Iniciado en su natal Perú, este diario fue su compañero por todos los lugares por los que viajó y en los que radicó: España, Francia, Alemania, Bélgica.

Rodolfo Mendoza

Eclipsados durante años por la inmensa obra de Mario Vargas Llosa, los libros de muchos escritores peruanos como Manuel Gutiérrez o Julio Ramón Ribeyro había pasado casi desapercibida para el lector mexicano. A pesar de que Ribeyro venía publicando desde los años cincuenta, su obra no había alcanzado mayor distribución en México. Peruano de nacimiento, aunque viajero infatigable, Ribeyro es de las cumbres narrativas de Latinoamérica. Sus cuentos son de una profundidad que pocas veces se ha visto en lengua española. Dueño de un oído infalible, supo captar la lengua diaria de su país, de su lengua. Sus historias nacen de la cotidianeidad, pero alcanzan alturas metafísicas. Ribeyro tiene una especial predilección por los narradores niños: a partir de la visión de un infante ha podido ver más transparentemente el mundo de los adultos. En esto tiene mucho que ver con las técnicas de James, pero, en el caso del peruano, la profundidad del cuento radica más en la historia que en el lenguaje, más en la anécdota que en el trasfondo.

Gracias a que hace años la editorial Alfaguara publicara sus cuentos completos, los lectores mexicanos pudimos apreciar a una de las voces más distintivas de la narrativa en nuestra lengua. En aquel volumen no sólo se nos daba una muestra de su obra, sino su obra cuentística completa. A Ribeyro, autor de un par de novelas, siempre se le apremió a escribir más obras de este género, pero él siempre dijo que no era corredor de maratones, sino de distancias cortas y que se sentía más cómodo escribiendo cuentos.

Viajero desde sus primeros años y continuador de una tradición europea y no así latinoamericana, escribía un diario personal desde los años cuarenta. Iniciado en su natal Perú, este diario fue su compañero por todos los lugares por los que viajó y en los que radicó: España, Francia, Alemania, Bélgica. Ha sido esta una obra monumental que, en un inicio, nunca fue escrita para ser publicada, sino para dar cuenta, al mismo Ribeyro, de lo vivido en casi cinco décadas. Tiempo más tarde este diario se fue publicando por décadas en su natal Perú, pero son ediciones ahora inencontrables. La edición de La tentación del fracaso es la totalidad de esos tomos y va de1950 a 1978. Ribeyro siguió escribiendo su diario y le deberemos a alguno de sus amigos o críticos la edición póstuma del año 1978 al de su muerte: 1994. Ramón Chao y el novelista Santiago Gamboa son los encargados de los prólogos a estos diarios. Ambos fueron sus amigos y compañeros en los últimos años de su vida. El segundo era entonces un joven escritor en la Francia de los noventa cuando conoció a Ribeyro. Gamboa fue su acompañante por bares y cafés de París, fue su compañero y al que le confiaba los manuscritos de lo que iba escribiendo. Cuenta Gamboa que una tarde de lluvia, en casa de Ribeyro, mientras bebían vino tinto (en esto Ribeyro era inflexible: sólo se bebía en su casa vino tinto y de Burdeos) y charlaban, el gran cuentista peruano se levantó, les enseñó una credencia a donde amontonaba una pila de libretas y empezó a sacar algunas, enseñándoselas a los presentes. Deslumbrados, todos se dieron cuenta que el diario de Ribeyro era infinito, y que era obligado verlo publicado. Ribeyro accedió a que se editaran sólo los volúmenes ya publicados en su país. Gracias a eso tenemos pudimos tener en nuestras manos La tentación del fracaso.

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